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sábado, 27 de noviembre de 2010

Renacer después de los 40


LA VIDA CUESTA ARRIBA V C A Por Araceli RUIZ Araceli RUIZ Renacer después de los 40 Unhombrenuevo, llenodevitalidad La relación de Ramiro con sus hijos "siempre ha sido genial", afirma. El contacto con su ex es nulo, aunque basado en el respeto. "Nunca he tenido problemas para estar con mis hijos, así que cada uno hace su vida y ya está". Sereno, afirma que su sueño es "ver a mis niños grandes y felices" y, sobre todo, "no volver a caer". "Novolveracaer" R.A.M. 33 Ramiro ha sido capaz de controlar su adicción al alcohol. JUAN MANUEL VACAS Ramiro es un alcohólico en rehabilitación que, con ayuda de su familia y el hogar Renacer, ha sido capaz de controlar su adicción, en la que cayó tras separarse N o se oculta de nada, pero prefiere no dar su identidad y evitar así la humana y extendida costumbre de prejuzgar al vecino, así que R.A.M. se llamará Ramiro por un día. Ramiro nació hace 45 años en el seno de una familia humilde pero muy bien avenida de Las Palmeras. Creció en un ambiente sano y feliz y cursó estudios hasta que cumplió los 17 años y decidió dejar las clases para convertirse en camarero. "Aquello fue una equivocación, yo quería estudiar Derecho, tenía capacidad, pero ni lo intenté, me dejé llevar por lo fácil, para disponer de dinero mientras los demás todavía no tenían un duro". Con "unos 22 años", conoció a la que después se convirtió en madre de sus dos hijos y juntos fundaron una familia. "Al final, acabó por gustarme el trabajo de camarero, detrás de la barra conoces a mucha gente y yo soy muy sociable, lo malo es que se te va la vida sin tiempo para los tuyos porque nunca estás. Cuando todos descansan, tú tienes más trabajo". Siendo sus hijos aún pequeños, Ramiro se separó de su mujer, y el alcohol, que hasta ese momento había consumido de forma moderada, se convirtió en válvula de escape. "La separación fue muy dolorosa, yo no la busqué, ni la esperaba ni la deseaba, pero llegó y toda mi vida se vino abajo", recuerda, "tuve que volver a casa de mis padres y separarme de mis hijos... no supe afrontarlo". La ruptura tuvo lugar hace nueve años, momento en el que Ramiro inició una huida hacia adelante que acabó con sus huesos en el hospital. "Cuando me separé, dejé el trabajo porque era un negocio familiar y volví al bar donde había empezado de niño. Durante años, sobreviví con muchas malas rachas hasta que un día me puse amarillo y me ingresaron". El médico le diagnosticó una grave dolencia de hígado que le obligaba a dejar el alcohol. Aquel susto no le duró más de unas semanas y volvió a beber. "Mi madre y mis hermanos tomaron entonces las riendas y pidieron cita en el hogar Renacer", explica, aunque fue su hijo quien le abrió los ojos: "Nunca olvidaré el momento en que me dijo: `Papá, tienes que ser fuerte y salir de esto, tú nos haces mucha falta", comenta emocionado. Escéptico, acudió a la cita con el doctor. "Un alcohólico nunca es consciente de su problema. Cuando entré en el hogar, pensé que yo estaba mejor que los que había allí, pero me equivocaba", recuerda. A pesar de la primera impresión, "aquella conversación con el médico, no sé cómo, me cambió el chip y salí convencido de que yo iba a ser más fuerte que el alcohol". Hace dos años y siete días que Ramiro dejó de beber. Su vida ha dado un giro de 180 grados. "Sin alcohol, todo se ve de otra manera. Cuando superas el mono que da la abstinencia, recuperas la autoestima, el sentimiento de culpa que persigue a todo alcohólico desaparece... Además, ahora estoy trabajando y he aprendido a mirar a los problemas de frente". Y es que, tal como Ramiro repite una y otra vez, "la trampa del alcohol y de otras adicciones es pensar que, al huir y olvidar los problemas, éstos desaparecen". H Aunque su máxima es "no confiarse nunca", Ramiro es hoy por hoy un hombre nuevo, capaz de afrontar la vida con energía y coraje. "Estoy trabajando de vigilante y también me estoy sacando cursos de la Junta, no paro de hacer cosas", explica sincero mientras se reafirma en que su paso por el hogar Renacer fue providencial. El primer paso para salir del alcohol y el más difícil es reconocer que tienes este problema, asumir que eres alcohólico, y pedir ayuda. "No sé qué habría sido de mí sin ayuda, solo no hubiera podido superarlo", afirma convencido. Aunque la tentación está por todas partes, Ramiro ha aprendido a controlar el deseo. "Esto es una carrera contra ti mismo y no hay que bajar nunca la guardia, si la bajas, caes". A día de hoy, es feliz. "He tenido una segunda oportunidad para vivir y disfrutar de los míos y quiero aprovecharla". Renacer después de los 40.

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